domingo, 14 de octubre de 2012

Enrique “El Mellizo” y El Príncipe Enrique de Prusia. Juerga flamenca a bordo de un acorazado alemán en 1901


 EL PRINCIPE Y EL ARTISTA
(Publicado en “La Voz de Cádiz” el 29-09-2008- Antonio Barberán Reviriego.-)


Anécdotas de flamencos gaditanos ante la realeza, conocíamos algunas; la de Aurelio Sellé, cuando cantó en la fausta coronación de la Reina Isabel II de Inglaterra en junio de 1953;  la del  célebre flamenco Diego Antúnez,- abuelo del Piti-, que fue el oficioso proveedor de chistes del Rey Alfonso XIII, o inclusive la de Servando “Chiquito de Cádiz”, cuando en la inauguración del Centro Municipal Flamenco La Merced, “preso de  nervios”  llamó a su majestad la Reina, “Sofía…… Loren”.

            Pero quizás, el primer cantaor gaditano, que actuó para algún miembro de una Casa Real, fuera  Enrique Jiménez “El Mellizo”, el cual cantó el día 27 de julio de 1901, conjuntamente con un cuadro flamenco gaditano -aún desconocido-, para el Príncipe Enrique de Prusia, Almirante de la escuadra naval alemana en Oriente y  hermano menor del entonces Emperador Alemán Guillermo II de Alemania. 

La anécdota más que flamenca, que lo es y mucha, no deja de tener ciertos tintes de tragicomedia, y sí no observen lo publicado en el periódico madrileño “El Imparcial” del día 30 del día señalado, artículo firmado por “Peña” periodista gaditano corresponsal del noticiero citado, titulado “Juerga flamenca a bordo del barco almirante de la escuadra alemana.- Curiosas escenas.”, del cual iré insertando párrafos entrecomillados.



En dicho artículo nos cuenta que fondeado en la costa gaditana se encontraba una escuadra alemana de 3.200 hombres, comandada por el Príncipe Enrique de Prusia. De entre los barcos que componía la citada escuadra, el barco almirante era el acorazado, “Fried der Grosse”,  donde navegaba el Príncipe real prusiano.

Respondiendo al deseo de los tripulantes de asistir a una fiesta típica andaluza, organizose una juerga flamenca que debía verificarse a bordo del buque almirante.”

PICARESCA PARA ENTRAR

Los periodistas de Cádiz, sabían  que era prácticamente imposible obtener permiso para cubrir la escena dentro del barco, “dada la rigidez de las prácticas de a bordo”. Pero el ingenio gaditano es mucho y D. Miguel Rey, redactor del “Heraldo de Cádiz” se hizo pasar por “flamenco” y acompañado por la comitiva, formada por tocaores, bailaores y cantaoresde lo más escogido y selecto”, llegaron en falúa de vapor, al Fried der Grosse, donde desembarcaron. Gracias a su ingenio, conocemos hoy la presente noticia.

 “- ¡Ole!- gritaban los `”cañís” desde la falúa que ocupaban, saludando al hermano del emperador de Alemania”.

Se colocaron en la toldilla de popa, la cual estaba iluminada por un potente foco eléctrico y dispuesta para el espectáculo, mientras la marinería alemana abarrotaba los entrepuentes del barco, expectantes por la actuación.

“Mezclábanse los ¡oles! de los flamencos con los ¡hoc, hoc! de los alemanes. Se bailó, se tocó y se cantó y se sirvió cerveza, que era bebida con gestos de cómico desagrado por los cañís, que hubieran preferido, sin duda, unos cuantos chatos de manzanilla clásica.”

En pleno apogeo festero, los pitos de los contramaestres, anunciaron la hora de la comida en el comedor de la oficialidad y “los flamencos fueron invitados con la fórmula:

-          Vamos a tomar té. Uno de ellos excusóse diciendo:
-          No estoy enfermo.”

Tiene “guasa” la cosa ………… gaditana por cierto.

“El  lunch espléndido al estilo alemán, con sus patatas cocidas, su carne fría en gelatina, su manteca de Flandes, la cerveza negra, el te y cognac exquisitos. Este licor fue el favorito de los cañís. Se descorcharon y consumieron no pocas botellas”

Los oficiales alemanes reían a mandíbula partida, ante las ocurrencias de los flamencos, mientras estas eran traducidas al alemán por el intérprete del barco, el cual debió pasar fatiguitas dobles para entenderse con los cabales. Hubo inclusive interpretación de un pasodoble español a piano por parte de un oficial alemán.

“Seguidamente un gitano, cogiendo una copa de cerveza, brindó por la <<Fraternía de España y de Alemania>>. Luego dijo al intérprete: <<Haga osté favó desirles a estos cabayeros mi brindis>>”

¡Ole! Viva el arte y  la diplomacia; por algo Lord Byron cuando llegó a esta Ciudad en 1809 le sorprendió sobremanera el ambiente cultural gaditano. Eran otros tiempos…… obviamente.
FIN DE FIESTA BRUSCO.

Pero a las ocho en punto, ni un segundo más, un oficial se acercó al cuadro flamenco y ordenó su conclusión, era la hora del descanso de la tripulación.

El Mellizo" interrumpió la malagueña que estaba cantando, el tocador de guitarra dejó sus dedos en suspenso sobre el más artístico de sus rasgueos, dejaron de sonar las castañuelas y los ¡oles! y la tropa flamenca se despidió de sus amables huéspedes.”

El oficial alemán, no tuvo ni la delicadeza de esperar a que terminara la Malagueña el genio gaditano, aunque al “jefe de la comitiva” que seguramente sería Enrique El Mellizo se le hizo entrega de cien pesetas por la contratación y seguidamente se volvieron en falúa a Cádiz, y hete aquí lo que pasó:

“Tanta alegría tuvo un final trágico.”

BRONCA FINAL

“Los cantadores y tocadores procedieron a repartir las cien pesetas del regalo en una taberna gaditana, y hubo allí bronca terrible sobre a quien correspondían más o menos pesetas.

No fue necesario que interviniese la autoridad, pero faltó poco.

Verdaderamente no se habrá perdido el imperio alemán por la prodigalidad del regalo”. Afirmaba irónico el texto firmado por el reportero “Peña”.